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martes, 9 de noviembre de 2010

No es sencillo...

Perdonar no es sencillo
cuando aún es imposible erguir la espalda,
levantar la barbilla, la mirada
que, a fuerza de costumbre,
se ha quedado clavada en el asfalto.

Olvidar no es tan fácil
cuando un trueno arrasa tus recuerdos,
una mano estrangula los te quiero
reduciendo a cenizas
esa hoguera que alumbraba la esperanza.

Reconstruir el alma
fragmentada tan sólo por un golpe
-rayo cruel de tu mano y tu garganta-.
Pedir perdón no basta
para hacer que el corazón lata de nuevo.

Ana Mª Álvarez © 2010

martes, 11 de mayo de 2010

Des-amor






















De nuevo a oscuras,
el cuerpo lánguido recrimina silencios avenidos
de una noche instalada a pleno día,
a pleno sol, y la piel sigue aterida
por tu ausencia.

No hay horizontes,
ni en tu risa, ni en tus manos aún cercanas.
Ha muerto el latido circunspecto que blandías
desde tu corazón latifundista, antes mío,
-quizá antes, quizá nunca-.

Soñé caricias nuevas
un extraño agosto, fecundo y desnudo, inusitado.
Acaso un día la lumbre nos quemó la piel, las sábanas,
los abrazos vertidos cuerpo a cuerpo.
Quizá me amaste...

Hoy es lunes. Vacío.
De nuevo a oscuras, con una rosa en mi regazo
que gime la certeza del destierro.
Discierno desde las sombras adheridas
tu desprecio certero.

No quedan lunas,
no quedan haces de luz sobre mi cama angosta;
pronunciaste el desamor y he muerto, sola,
con heridas y estigmas, destilando amargura.
Abandonada al llanto.

Cuando muere el amor, muere el poema
que una vez escribiste en mis entrañas.

Ana Mª Álvarez @ 2010
http://www.aversolimpio.blogspot.com/


lunes, 8 de febrero de 2010

Me nombraste...















Me nombraste aquel día de junio enamorado,

sonó el eco ambarino que iluminó mi sombra,
más allá de las calles, las viejas azoteas,
las piedras, las aceras, las tristes alamedas.

Me nombraste, y me supo a menta y a canela
tu aliento entrecortado posándose en mis labios,
promesas inocentes florecieron sonoras
en el rumor del aire, en las manos asidas.

Tumultuoso baile de mi nombre en tu boca,
brotarte desde dentro, como agua de arroyo,
más allá de los sauces, más allá de las hojas
que cimbrean silentes su verde silueta.

Acaso, desde el alma, sentí que florecía
de la espina una rosa, de la noche una estrella,
de tu boca saberme que estoy viva y existo.
Me nombraste...
y tornaste mi invierno en primavera.

Ana Mª Álvarez ©

martes, 26 de enero de 2010

Nombrarte

Nombrarte, sólo eso, me llena de esperanza,
me renueva el aliento, me colma de ilusiones,
florece de mi boca un ramo de suspiros
que, alados, se pasean buscándote en el tiempo.

Nombrarte en mi silencio, decirte "estoy contigo",
decirte "hoy te recuerdo", decirte "no estás solo";
musitarte susurros que el aire desvanece
y que el eco del viento llevará hasta tu cama.

Nombrarte y no tenerte, pensar en los andenes,
recordar ese beso furtivo sin relojes,
nombrarte acariciando tus manos en penumbra
la noche en que escribiste poemas en mi cuerpo.

Nombrarte, sí, nombrarte, para traerte cerca,
para tenerte cerca, para amarte despacio;
que la luna nos mire y guarde este secreto,
y su luz sea la colcha que nos cubra de sueños.

Nombrarte, amor, nombrarte. Escribirte en el libro
de mi vida vacía que con tu nombre lleno,
grabar tu nombre a fuego en mi alma gastada...
nombrarte, sólo eso, ya es decirte "te quiero".

Ana Mª Álvarez @

domingo, 10 de enero de 2010

RENCOR DEL ABANDONO

El veneno alimenta la noche de las velas,
el humo del incienso que perfuma el entorno
reviste densamente mi piel entumecida
de tanto falso abrazo y palabras vacías.
No queda de la hoguera ni cenizas sombrías,
ni restos de las llamas, ni ramas carcomidas,
sólo queda la piedra que no late en mi pecho
y el veneno en los labios que besaron tu trampa.
La noche en que las sombras derritan los espejos
estaré aguardando, como astuta casandra,
acechando tu aliento, divisando tus pasos,
hasta que abras, silente, tu negra caja negra.
Allí donde presumes atesorar corales,
cuarzos llenos de brillos y metales preciosos,
no habrá más que mentiras, habrá... no, no habrá nada,
nada existe en el pecho de una estatua de mármol.
Por eso he celebrado con incienso y con mirra
el gran conocimiento de tu lleno vacío,
guarda tu arcón, la llave, mentiras de hojalata,
huye de los espejos que no muestran tu imagen.
Que ya la noche incierta, es cierta en el olvido,
después de haber quemado tu madera de sauce;
yo, medusa nocturna, te dejaré de piedra,
sortilegio de sueños, y veneno en tu sangre.

Ana Mª Álvarez ©