
cuando aún es imposible erguir la espalda,
levantar la barbilla, la mirada
que, a fuerza de costumbre,
se ha quedado clavada en el asfalto.
Olvidar no es tan fácil
cuando un trueno arrasa tus recuerdos,
una mano estrangula los te quiero
reduciendo a cenizas
esa hoguera que alumbraba la esperanza.
Reconstruir el alma
fragmentada tan sólo por un golpe
-rayo cruel de tu mano y tu garganta-.
Pedir perdón no basta
para hacer que el corazón lata de nuevo.
Ana Mª Álvarez © 2010